Tras inaugurar la ruta, ahora a “descubrir” Villa Oliva

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La nueva ruta a Villa Oliva aviva el deseo de tomar el coche y marcharse a conocer el paisaje a los lados de la carretera.

Para muchos será la ruta hacia lo desconocido, como casi en el tiempo y en distrito de la entelequia. Es como viajar al pasado en medio de paisajes extrañamente envolventes hasta llegar a un pueblo, capaz de competir en quietud a Aracataca, el Macondo de la novela de García Márquez, y; a la mismísimo Betusta, de la fantasía de Clarín.

Solo que ahora ya es real, se puede llegar en coche desde Asunción, en una hora y media de viaje, hasta Villa Oliva. La ruta espera a los excursionistas.

En sencillo acto quedó inaugurado por el Presidente Abdo Benítez el asfaltado de la ruta que conduce a Villa Oliva.

Quién haya leído al Nobel colombiano y al zamorano Leopoldo Alas (Clarín) desearán conocer ese túnel reseñado por el otro escritor no menos famoso, Ernesto Sábato. Es un pueblo de verdad, con las mismas penurias descritas por el colombiano y el español en sus respectivas novelas (“La hojarasca” y “La Regenta”) pero es de 3.500 almas, de carne y hueso, viviendo allí sin que la amplia mayoría de los paraguayos nada sepan de ellas.

Villa Oliva, al norte de Ñeembucú, en las orillas del Rio Paraguay, a solo 120 kilómetros de Asunción es la comunidad a la que hoy ya se puede llegar, disfrutar de sus bellezas, que, seguro, tiene en abundancia, y volver quizás en el mismo día a la casa.

La ruta está terminada. Un acto sencillo realizado el viernes 24 de abril último en un paraje de la carretera la dio por inaugurada. No hubo palcos, ni desfiles estudiantiles, militares ni de carrozas. Sin fanfarrias – cuando que merece tras siglos de aislamiento por tierra – la ruta Villeta – Villa Oliva está habilitada para todos quienes deseen conocer aquel pueblo de tan pocos habitantes, por ahora, pero que, sin dudas, en pocos años será un emporio.

Fueron 18.800 millones de guaraníes invertidos para que las lluvias ni los desbordes de arroyos, esteros y ríos impidan al oliveño llegar hasta la capital, hacer sus gestiones y también en el día esté de retorno a la villa.

Ya habrá inversionistas interesados en crear negocios en Villa Oliva, que ya no será solo visitado por los pescadores que con lanchas se arriman a la comarca. La villa está llamada, de ahora en más, para grandes cosas. Tiene todo para crecer. Y

a habrá hoteles, restaurantes, industrias y negocios varios. Lo más importante ya fue hecho por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, la ruta asfaltada, que ni bien pase la cuarentena los capitalinos, seguro, circularán por ella en busca de descubrir esa parte del territorio paraguayo por muchos desconocida.

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